spreadin

10 Posts Back Home

Dolor por el planeta

Con mi corazón encogido por las noticias, entre el saber y el dejar de saber, entre una realidad medio contada y una realidad medio vivida, me debato una vez más entre las orillas del sufrimiento. Sufrimiento por amor. Quizás un amor menos conocido, menos navegado. Un amor menos aplaudido y buscado en nuestra sociedad, ávida de los más exaltados romances. Cuando hablamos de amor, nuestra mente parece dirigirse al mismo tipo de expresión: el idílico y tan anhelado amor de pareja. Pero, ¡ay del aventurarse a hablar de otros tipos de amor! ¿Quién tiene el valor de hablar de amor por la naturaleza, amor por el planeta, amor por cada ser humano, amor por cada ser, amor por toda vida? ¿Considerar un amor mayor que otro no hace de él cualquier otra cosa menos amor? Mi experiencia con el amor sigue siendo pequeña, pero esta voz ignorante de su poder tiene…

El saber del árbol

A veces querría ser más árbol, para con el viento así intimar, y que empujase mis ramas con cariño, hasta que las estrellas lograse acariciar. Querría aprender a adorar el Sol, desde el orgulloso saber de árbol, consciente de cuánta sabiduría en su ser, el astro rojo al día osa traer. Querría ser árbol para guiarme, entre azules, verdes y negros encontrarme, con rayos de luz moldearme, y bajo mis pies así enterrarme. Querría ser árbol para sentirme, ave fénix en semilla contenida, agradecer a las cenizas que me protegían, y que al regreso del viento me despedían.

Consumo de emociones

Hacía mucho tiempo que no ponía un pie en un centro comercial. Tiendo a evitarlos porque en ellos me siento fuera de lugar. Experimento una mezcla de incomodidad y tristeza al encontrarme con un consumo desmesurado por doquier. Productos perjudiciales para la naturaleza, para las personas y para el propio individuo que los consume. Un entorno diseñado para atraer al consumidor hacia un desenfreno de compras de, probablemente, artículos innecesarios. Productos de una calidad más que cuestionable por el mero objetivo de fomentar su reemplazo en el menor tiempo posible, siguiendo fielmente el legado de la obsolescencia programada, introducida a mitad del siglo XX. Se fomenta la cantidad y se desestima la calidad. CUESTIONARSE EL MOTIVO REAL DE NUESTRAS COMPRAS Lo que más congoja me provoca, es que la poca humanidad que disponen estos lugares está desapareciendo. La falta de interacción humana es buscada para incrementar la siempre mejorable e insaciable…

Etiquetas a la vida por miedo a no saber

Ponerle una etiqueta a cualquier aspecto de la vida es limitar nuestra ya restringida percepción sobre la misma. Es distorsionar una realidad previamente manipulada por nuestros sentidos, por nuestra mente y por nuestra conciencia. Aunque las etiquetas nos ayudasen a recorrer caminos en los que temporalmente encontramos sentido como ávidos seres de aprendizaje que somos, nuestra excesiva identificación con ellas resulta cuanto menos peligrosa. Esto supone restringir nuestra creatividad, nuestra imaginación y nuestra flexibilidad a la hora de considerar otras alternativas igualmente válidas en un mundo de infinitas interpretaciones. De esta manera aprendemos pronto a rechazar toda realidad que difiera de aquella en la que nos hemos visto reflejados. Muchos caemos en la locura de destinar todo el sentido de nuestra vida a alguna de ellas, pues consideramos que define nuestra identidad. ¿A cuánto valor de la vida hace juicio una sola etiqueta? ¿Cómo siquiera podemos atrevernos a juzgarla a…

Querida Tierra

Querida Tierra, en una semilla yo te contendría, y creyéndome fiel a tu sabiduría, en mí te plantaría, ¡fíjate si tan bien crecerías! Ay querida Tierra, tanto amor por tu gente nacería, por sus historias y leyendas, por sus paisajes y creencias, por sus vivencias y fantasías, ¡cómo sino tanta vida se expresaría! Si por mi fuese, en cada nuevo amanecer te observaría, para que en tu pequeño gran cielo acogiese, el sueño de que el mundo te valoraría. En los mismos campos abandonados caminaría, con miradas frescas los rejuvenecería, y ante el renovado viaje yo te sentiría. Ay Tierra querida, ¡Tu sola presencia a mis lágrimas consolarían! ¡Tu existencia a mi alma inspiraría! ¿Qué puedo hacer yo por ti,  querida Tierra, sino sentir gratitud por tanta maravilla?

Sus labios susurrarán

Y al final sus labios susurrarán, ¡cuánta hermosura yace escondida en los navíos que partirán! Que la vida viene y va acompasada, entre la calma y la tormenta sosegada. Véase pues el alba ya asomada, y la atrevida corriente azorada. Para el aprender, marea arrastrada, para el vivir, ancla olvidada. Abisales profundidades quisiera levantar, para tan embravavados males así cobijar, mientras en salinos atardeceres obrar, y el milagro naranja de los horizontes pintar. Ocupada entre tantos quehaceres, ¡ay querida! ¡Cuantíos mares abordar tú quieres! Pero orgullosa si me permites tú debieres, pues bajo tanta tempestad, rumbo dirigiste a tu vida marinera, terminando por surcar aguas de libertad.

El arte de dejarse vivir

Cualquier excusa es perfecta, para no estar aquí. Y lo digo medio avergonzada y medio orgullosa por ser una experta consciente en evadir la vida. Con prestar un poco de atención, nos damos cuenta de que se encuentra en el boca a boca de todo el mundo. Es un hábito social envenenado, pero aceptado. Por eso hay que aprender a observarlo desde fuera, encontrándolo en primer lugar en nosotros. Se puede percibir en la impaciencia, en las idas y venidas al pasado y al futuro, en las inseguridades, en la incapacidad de lidiar con la incertidumbre. Vivir sin saber qué se va a vivir, sin planes ni alternativas. Dejarse vivir.  La naturaleza siempre parece tener las respuestas para todos mis problemas, por eso acudo a ella cuando me siento vacía, cuando he caído en el error de no querer estar donde estoy. Ella tan radiante y esplendorosa en toda su…

Eterna batalla

Guerrera quise ser, marcas de batalla sobre mis mejillas pinté, y entre surcos de lágrimas observé, los pasos de la guerra que yo inicié. De lucha mi instinto liberé, mi perdón abracé, y con un valor del que antes ni imaginé, sobre el lenguaje del corazón, así yo medité. Con ardor batallé, la vida conquisté, con alma reflexioné, y con la noche soñé.

Que alguien la dibuje

Por favor, que alguien la dibuje, que alguien la componga, que alguien la inunde de color, que alguien su melodía escoja. Que alguien atreva sus pasos a bailar, que alguien atreva su música a entonar, que alguien atreva su voz a resonar, que alguien atreva su verdad a expresar. Y en el nuevo día a empezar, al fin podría atreverse a pronunciar, ¿quién la vida mía se atrevería a mostrar? ¿Quién podría, si no es mi soñar?

Los ojos con los que te miro

Si pudieses ver a través de ti con el pasaje de mis ojos te enamorarías en este instante de todo lo que eres. Si pudieses descubrir las maravillas que en ti encuentro cuenta darías que tu vivir digno es del más bello cuento. Pues grande y hermosa, inmensa persona. Dulce criatura, creadora de ternura. Vida expresada, sin medida amada, no lo dudes, eres tú.

Navigate